Rubén Darío: Plaça de Cartoixa
Valldemossa

En una de sus estancias en Valldemossa, Rubén Darío se hospedó en la Cartuja.

En los campos pedregosos, donde se alzaban amontonamientos de rocas grises y blanquizcas, y entre los olivos que hacía recordar la pagana Grecia, y en los valles en donde se abre la granada y da su miel el sexual higo, y cuelgan de las viñas las uvas que recuerdan la siesta del fauno mallarmeano, y hay flores y espigas, y verdes hojas de maíz, no sorprendería ver surgir de repente allá un egipán, aquí una ninfa o hamadriada, a son de flauta de carrizos como es consuetudinario en el mundo de las líricas y helénicas ficciones. Los mozos son fuertes y de ojos vivaces y cuerpos gallardos y las muchachas adolescentes son formadas y redondeadas donde conviene por la madre naturaleza como la prodigalidad y hermosura que placen a los saltantes sátiros y a los alegres demonios.

El oro de Mallorca, 1913

Rubén Darío

(Metapa, Nicaragua, 1867 – Lleó, Nicaragua, 1916). Rubén Darío fue uno de los grandes renovadores de la poética y un poeta determinante para la poesía hispana del siglo XX. Nació en Metapa, en 1867, y se educó en el seno cultivado de su familia materna, integrada en los círculos intelectuales del país.

La poesía de Rubén Darío se inicia con una honda preocupación por la forma, hito que supone la introducción del simbolismo y parnasianismo galos en la poesía castellana. La publicación de Azul, en 1888 es la máxima expresión del modernismo latinoamericano, con características propias y diferenciadas de los movimientos europeos del momento. Sin nunca perder la preocupación por la belleza formal y el esteticismo, introduce en su poesía nuevas inquietudes, expresando a la vez una agonía subjetiva, así como una preocupación socio-histórica que culminan en la obra Cantos de vida y esperanza de 1905.

Darío fue miembro del cuerpo diplomático nicaragüense y corresponsal del diario La Nación, dedicaciones ambas que le permitieron cumplir su deseo de viajar por Europa. Visitó Mallorca en varias ocasiones; en 1906 vivió en el barrio del Terreno de Palma y en 1913 se refugió en la Cartuja de Valldemossa, para recuperarse de su maltrecha salud. Durante estas estancias escribió varios artículos, reunidos bajo el título La isla de Oro y la inacabada El oro de Mallorca, que es una autobiografía novelada. El autor se esconde bajo el personaje de Benjamín Itaspes y describe situaciones y personajes de la realidad mallorquina.

El Palacio del rei Sanç y la Cartuja

El edificio de la Cartuja es conocido también con el nombre de Palau del rei Sanç, ya que Jaume II ordenó su construcción como residencia de su hijo Sanç. A finales del siglo XIV, el rey Martí l’Humà lo cedió a los frailes cartujanos de San Bruno, quienes fundaron el monasterio y permanecieron allí durante cuatro siglos, hasta 1835.

Con la desamortización, la Cartuja pasó a manos privadas. Eso explica su decoración actual, típica de un casal mallorquín, más adecuada a su nuevo uso residencial. La Cartuja se convirtió en lugar de acogida de huéspedes ilustres que han contribuído a enriquecer su historia, como Rubén Darío, Azorín, Unamuno, Santiago Russinyol, Eugeni d'Ors, entre otros.

La estancia en Valldemossa dejó huella en la obra de Rubén Darío. En su obra poética se recoge el poema "La Cartuja", un arrebatado texto que nos lleva de visita por las estancias y la historia del edificio.

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